Vienes y te alejas.
Aún creces adherida en olas.
Dócil rueda.
Aquí te dejo
recuerdos que son dedos
sembrados en la arena.
No hay más en el corazón de Europa
que tu voz derramándose
como un jugo alegre de frutas.
He vaciado dentro de mi
tantas veces
tu eco de golondrina.
A veces, te me haces un raudal
de lluvia hermosa,
de alegrías apenas ausentes.
Este collar de árboles
que casi tocan el cielo
lo tengo guardado para ti...
Esta brisa lacustre
que anda loca acariciando piedras
cabe toda en tus manos, lo sé.

El peso de cada palabras se deshace en la palabra tuya.
ResponderSuprimirEl gusto de leerte.
Saludos desde Bs As.