lunes 25 de julio de 2011

At Clement Hall


Yo venía bien. Nunca soñé con la nieve,
con lugares lejanos ni otros idiomas.
Era un chamo sólido y convincente (según mi madre).

Y todo pasaba en la ciudad cálida y lacustre,
de cujíes y pericos que siempre me aguardaban
entre calles, olores y monedas que conocía.

Como el simple silencio de los secretos.
Las paredes, los cines, la música, los vecinos
los árboles y los amigos eran inmortales.

Ahora solo se me acerca la noche
y me deja madrugadas cuyos cadáveres
permanecen como viejos stickers detrás de la puerta.

-¿En qué vuelta de ale limón me perdi?

1 visitantes han comentado:

  1. Crecer es inevitable y siempre duele.
    Un poema estupendo.
    Un abrazo.

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